ENTREVISTA AL
POLITOLOGO FRANCES LOÏC BLONDIAUX
Página 12 - Lunes 2 de junio de 2014
El politólogo
francés Loïc Blondiaux sostiene que la crisis de las estructuras tradicionales
de representación ha generado la aparición de un “imperativo participativo”, la
necesidad de que las grandes decisiones políticas cuenten con el respaldo de
una intensa participación social. Profesor de la Universidad de París I (La
Sorbona), donde es colega de Pierre Rosanvallon, Blondiaux dice que “las elites
deben dejar de tenerle miedo al pueblo” y asegura que “los ciudadanos poseen
una experticia que es importante considerar a la hora de tomar una decisión” de
gobierno.
–¿A qué transformaciones se
refiere cuando habla de un “nuevo espíritu de la democracia” y de la emergencia
de un “imperativo participativo”?
–Una democracia viva y eficaz se
apoya para mí en tres pilares. El primero es la democracia institucional, que
se organiza en torno de las elecciones, los partidos políticos y el gobierno.
El segundo, que Rosanvallon llama “contrademocracia”, engloba a las
manifestaciones a través de las cuales los ciudadanos controlan, critican o
interpelan a la democracia institucional. Creo que es conveniente plantear un
tercer escenario político, que llamaría democracia deliberativa y que debe
permitir que se confronten la legitimidad de los gobernantes y la de los
gobernados. Es en el marco de esta democracia deliberativa donde debe
organizarse la consulta sistemática a los ciudadanos por parte del poder
público. Un debate público profundo, inclusivo e igualitario en torno de los
grandes proyectos y desafíos a los que se enfrenta la sociedad. En este marco,
el poder político se ve obligado a justificar sus decisiones frente a las
demandas de la población. Hoy, la legitimidad de una decisión no puede basarse
sólo en la legitimidad de la autoridad que la toma, sino que debe apoyarse
también en la legitimidad del proceso que condujo a tomar esa decisión. Ahora
bien, en democracia una decisión es legítima solamente si todos aquellos a
quienes se les aplica pudieron participar en la elaboración de la misma. La
idea del imperativo participativo conlleva esta exigencia.
–¿Por qué sostiene que se ha
producido un debilitamiento de las estructuras tradicionales de representación?
–Las instituciones de la
representación se ven afectadas hoy por una doble crisis, de eficacia y de
legitimidad. Frente a las crisis económicas, sociales y medioambientales, los
gobiernos democráticos se muestran claramente impotentes. Parecen marionetas de
fuerzas que los superan, a tal punto que se ven hoy bajo la influencia de
empresas multinacionales, bancos y mercados que les dan órdenes. Las fronteras
políticas se muestran cada vez más artificiales y los gobiernos nacionales son
incapaces de resolver problemas (como el cambio climático) que se plantean a
escala mundial. Este sentimiento de ineficacia provoca una indiferencia
creciente en los pueblos, los cuales participan cada vez menos en las
elecciones y parecen no creer más en el discurso político. El primer ministro
francés, Manuel Valls, confesó hace poco que “el discurso político se había
vuelto una lengua muerta para los ciudadanos”.
–¿Qué implica para los
políticos profesionales y para los gobernantes ese “imperativo participativo”?
–Los políticos profesionales,
así como las elites y los expertos, se encuentran frente a ciudadanos que ya no
quieren dejarse manejar, ciudadanos cada vez más informados y preparados para
movilizarse, aquí y ahora, en contra de las decisiones que consideran
ilegítimas. Ya no es posible el discurso de autoridad. Tanto a escala local
como nacional, los ciudadanos se movilizan de manera eficaz en contra de los
proyectos que no desean. Algunos ven en eso el efecto de la individualización y
del egoísmo imperantes en nuestras sociedades. Para mí, es un progreso de la
democracia.
–Un problema típico de los
modelos participativos es cómo y quién decide sobre qué (y de qué manera) se
participa. ¿Cómo se resuelve?
–Es el problema al que se
enfrentan todas las experiencias de democracia participativa: cómo estar seguro
de que la participación podrá influir en la decisión. La mayoría de las veces,
los políticos se conforman con dejar expresarse a los ciudadanos y luego
deciden si tomarlo en cuenta o no. Ahora bien, para que sea posible una
co-construcción de las decisiones es necesario que las elites dejen de tenerle
miedo al pueblo. Los gobernantes tienen que dejar de pensar que el pueblo
quiere ocupar sus lugares. Cuando las condiciones de la confianza están dadas,
un verdadero trabajo de colaboración entre los representantes, técnicos y
ciudadanos es posible y la participación puede enriquecer la decisión. Los
ciudadanos poseen una experticia que es importante considerar a la hora de
tomar una decisión.
–En Latinoamérica es conocida
la experiencia de los presupuestos participativos, pero en su libro El nuevo
espíritu de la democracia usted analiza otras iniciativas: el modelo del debate
público y modelo del jurado de ciudadanos. ¿En qué consisten?
–Francia ha implementado en 1995
una institución muy original a nivel internacional: la Comisión Nacional del
Debate Público (CNDP). Se trata de una autoridad administrativa independiente
cuya misión es organizar un debate público lo más amplio y profundo posible
sobre los proyectos de infraestructura de interés nacional. En cada uno de
estos proyectos, la CNDP permite que los ciudadanos estén informados y se
expresen libremente, cuando la oportunidad del proyecto está aún en debate.
Cada debate dura cuatro meses y cuesta más de un millón de euros. Al final, la
CNDP entrega un informe que no apunta a la pertinencia del proyecto, sino que
resume los argumentos del debate. El promotor debe entonces justificar sus
decisiones ante los participantes. La CNDP es una típica institución de
democracia deliberativa. Tiene sus límites, pero permite sin embargo que la
oposición pueda hacer valer su opinión. En cuanto a los jurados de ciudadanos,
fueron inventados en los años ‘60 en los Estados Unidos y en Alemania. Están
conformados por una quincena de ciudadanos ordinarios a los que se les solicita
su opinión sobre una cuestión política importante, tras haberlos informados de
manera contrastada. Esos jurados han demostrado que los ciudadanos ordinarios
pueden tener una opinión políticamente fundada sobre cuestiones como los
organismos genéticamente modificados o las nanotecnologías. Es una refutación
flagrante para todos aquellos que, desde Platón, piensan que los ciudadanos son
demasiado irracionales como para producir un juicio pertinente sobre cuestiones
complejas.
–¿Por qué critica los modelos
participativos acotados a la escala local (como son las comunas en la Ciudad de
Buenos Aires)?
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